miércoles, 30 de septiembre de 2026

Eugénie Grandet

 

Estatua de Balzac en el museo Rodin, en Paris

Los expertos dicen que hay tres grandes mujeres en la literatura europea del siglo XIX: Emma Bovary, Ana Karenina y la Regenta. A muchos lectores españoles les gustaría que en la lista estuvieran Fortunata y Jacinta. Yo añadiría una más, que apareció antes que el resto: Eugénie Grandet, a la que en español era muy habitual llamarla Eugenia Grandet, y que cada vez está más olvidada. 

No es que quiera minusvalorar los análisis de buena parte de los estudiosos de la literatura. Son personas muy competentes y su opinión tiene un fundamento: el personaje más destacado de esta novela de Balzac no es la mujer que le da nombre, sino su padre, Félix. El señor Grandet es el más digno sucesor de Harpagón, el protagonista de El avaro, de Molière. Incluso, al ser el formato de la obra de Balzac una novela y no una obra de teatro, Félix Grandet llega a ser un personaje más complejo, más elaborado, que su inspirador.

No obstante, sigo defendiendo que Eugenia es un personaje tan grande como las que he mencionado en el primer párrafo. Su característica diferencial frente a las demás consiste que ella es la que madura más y sale con más entereza y dignidad de los golpes sentimentales y emocionales que sufren todas; con la excepción, quizás, de Jacinta. 

Esta vez no os cuento más cosas del argumento, a ver si así os animo a leer el libro, que no es muy largo en comparación con los dedicados a las otras grandes mujeres de ficción del XIX. 


miércoles, 23 de septiembre de 2026

DE REVOLUTIONIBUS

 

 
Ilustración del orden de las órbitas celestes del Revolutionibus orbium

coelestium, según la edición de Editorial Nacional de 1982.  


No todos los clásicos de la literatura son obras artísticas. Pueden ser obras científicas o filosóficas.  

Hay clásicos que todo el mundo conoce, que no van a extinguirse nunca, pero que son muy poco leídos. Este es el caso del libro de esta entrada, tan importante que se suele enunciar en latín, el idioma en que fue escrito, De revolutionibus orbium coelestium, de Copérnico. 

Todo el mundo conoce este libro, pero pocos lo han leído. Y de los que lo han leído, ¿cuántos han pasado de la ilustración que inicia esta entrada, una de las más famosas de la historia, que viene en el primer libro de los seis de que consta la obra? 

Quien habla de las cosas de oídas, en el mejor de los casos, pierde detalles. Detalles como que la ilustración anterior no es completa, ya que no incluye los epiciclos que en la mayoría de los planetas tenía que introducir Copérnico para cuadrar su modelo con los movimientos observados de los planetas en el cielo. Esos epiciclos y otros añadidos complejos que, en un número menor a los usados en las tablas alfonsíes anteriores, conseguían más exactitud con lo observado en el firmamento, no pudieron ser retirados hasta que Kepler no introdujo las órbitas elípticas, más simples y exactas que la construcción copernicana.

Podréis decir que este libro es para especialistas. Admito que el libro es muy espeso, muy técnico. Por poner un ejemplo suave, leyéndolo me enteré de que los ángulos, además de en grados, minutos y segundos, se pueden seguir subdividiendo en terceras, cuartas y quintas, una precisión que considero sorprendente para el siglo XVI. Pero quien se atreva a disfrutar de él podrá admirar el esfuerzo que supone un trabajo científico de relevancia. Esas tareas ocupan toda una vida, o la vida de varias personas, vidas que se llenan de paciencia, meticulosidad y desesperación.

Desesperación porque no me he querido meter en las discusiones y polémicas exasperantes que tuvo el autor y todos los directamente relacionados con él libro antes, durante y después de su publicación. Eso os lo dejo investigar a vosotros. Pero, por favor, leed el libro. Y cuando habléis de un libro, en la medida en que podáis, que no sea de oídas; que sea porque lo habéis leído.

viernes, 18 de septiembre de 2026

Las moradas

 

En los últimos años, cuando se intenta poner en valor a grandes autoras ninguneadas o escondidas a lo largo de la historia, se tiende a hablar más de sus vidas que de sus obras. Incluso pasa con escritoras que siempre han estado reconocidas, como Santa Teresa de Jesús. 

Si Santa Teresa viviera hoy, de lo que estaría orgullosa es de que la orden que fundó todavía sobrevive, no de que se admire cómo era ella. En cuanto de la importante influencia de sus libros no sé si estaría satisfecha o no, pero lo cierto es que cada vez se leen menos.

El mejor de ellos es Las moradas, también conocido como El castillo interior. del que muestro en la foto una portada de una copia manuscrita conservada en la Biblioteca Nacional de España, "tomada del original" casi dos siglos después. Desde la óptica actual, podría decirse que es un libro de autoayuda, o una guía, o un manual. Pero no trata de temas técnicos, ni de cómo conseguir dinero o de mejorar tus relaciones sociales o amorosas. Para Santa Teresa eso eran minucias. Ella aspiraba a mucho más. En ese libro te enseñaba cómo ponerte en contacto directo con Dios a través de la oración, frente a frente, sin intermediarios, hasta el punto de que tu alma "se despose" con Él y así entrar en el cielo por la puerta VIP. Y no creáis que daba ánimos como una coach actual. Se lo dejaba bien clarito a sus discípulas en la orden, a quien dirigía el libro: solo llegarían a las últimas moradas unas pocas. El resto se quedaría por el camino y, como mucho aspiraría a llegar al cielo por la puerta de clase turista.

El libro lo editó y alabó con fervor Fray Luis de León, lo que ya en sí es un honor. Según sus palabras, algunas de sus cosas eran "muy de notar". Y lo más notable son las metáforas que utiliza, algunas de origen bíblico y otras propias. Las propias son de una originalidad y belleza exquisitas: el propio castillo, como símbolo del mundo espiritual interior, con un jardín y moradas externas sucias y acechadas por el demonio, y unas instancias interiores limpias e iluminadas por Dios, que vive en el núcleo central; la fuente de la que manan los dones divinos; o una segunda imagen del alma como una oruga que, a medida que crece en la oración, se vuelve mariposa o "palomica" y vuela hacia Dios para unirse a él.

 Por favor, anímense a leer esta joya de la literatura mística que, a pesar de estar escrito en prosa, no tiende al doctrinarismo de otras obras en prosa sobre estos temas, sino que se parece más a las grande obras en verso que en este género se han escrito en todo el mundo.

 


martes, 15 de septiembre de 2026

Ocurrencia premiada en radio

 Como os dije, de vez en cuando compartiría con vosotros alguna ocurrencia. Esta ha sido premiada en el concurso de microrrelatos del programa de las tardes de RNE1 de la semana del 1 al 8 de septiembre. Aprovecho para agradecerlo al programa, especialmente a los encargados del concurso, el periodista Imanol Durán y la escritora Espido Freire.

El gancho para el concurso era "No sé lo que hicisteis el último verano", que aprovechaba las típicas redacciones escolares de comienzo de curso y el clásico del cine de terror.

Aquí os la dejo. Se titula No sé. Simplemente os aviso de que no soy de finales felices:

 "No sé qué hice anoche. Tengo la cabeza embotada. Me cuesta levantarme de la cama. No sentía esto desde la época en que bebía.

Si solo fuera esta noche. No recuerdo casi nada de esta semana. Tampoco sé muchas de las cosas que he hecho durante estos últimos meses. Tengo demasiadas lagunas. Siempre me ha pasado que, si paseaba hacia algún sitio conocido y me concentraba en otra cosa, no recordaba el camino que había seguido, hacia dónde me dirigía o para qué iba allí; pero este verano esos olvidos son constantes, incluso dentro de casa. Estas últimas semanas mi mujer, mi hija y mi nieta se han enfadado conmigo porque no atendí a diferentes encargos que me hicieron y de los que no guardo memoria. Dicen que cada vez estoy más viejo, más chocho.

 Lo que sí recuerdo es el diagnóstico que me dio la doctora en mayo: deterioro cognitivo. Se lo tendré que decir a ellas antes de que olvide esas palabras, o las olvide a ellas."

 

martes, 8 de septiembre de 2026

El señor Presidente



Hay grandes obras y grandes autores que tapan a otros anteriores que fueron referencia para los primeros. Eso ha pasado con los autores y obras del boom latinoamericano. Su enorme éxito tapó a buena parte de la literatura latinoamericana anterior. Uno de los ejemplos más claros de esas obras sepultadas es El señor Presidente, del guatemalteco Miguel Ángel Asturias, que también fue premio nobel de literatura, y que es el que aparece en la foto de esta entrada, cuyo original custodian sus herederos.

 El señor Presidente fue su primera novela, publicada en 1946, unos treinta años antes del boom latinoamericano. Es la novela de dictador en la que se han fijado todas las que escribieron años después Vargas Llosa, García Márquez, Roa Bastos o Alejo Carpentier. 

Miguel Ángel Asturias se fijo, a su vez, en otra novela de dictador, la primera de todas, Tirano Banderas, de Valle-Inclán. Pero, a diferencia de Valle-Inclán, que hablaba de dictaduras latinoamericanas como rodeo para sacar a la luz el tema de la dictadura en España, y poniendo el énfasis en lo ridículo, Asturias trataba las dictaduras latinoamericanas desde dentro, sufriéndolas y reflejando mucho mejor el comportamiento de toda la sociedad en ese ambiente.  

 La novela va de cómo el guapísimo Miguel Cara de Ángel (¿qué os parece el nombre?), un consejero del señor Presidente que va cayendo en desgracia, es supuestamente mandado por el dictador a salvar de forma oculta a un general retirado, Eusebio Canales, al que la policía acusa de un asesinato que saben que no cometió. Durante la misión, Miguel se enamora de la hija del general, Camila. Aparentemente consigue salvar a Canales, facilitándole la huida a un país fronterizo, pero el exgeneral muere poco después en misteriosas circunstancias. También consigue casarse con Camila pero, al ir al extranjero a cumplir la última misión que pensaba hacer para el Presidente, es arrestado en la frontera por otro militar, Farfán, al que el propio Miguel había ayudado anteriormente, y sustituido en la misión por un doble para que Camila crea que la ha abandonado. Miguel queda encarcelado de por vida, con el agravante de que le torturan haciéndole creer que su mujer es ahora amante del Presidente. Os he contado el final, pero es que hay que oírlo y leerlo varias veces para creer que cosas parecidas a estas pasaban.

El punto más fuerte de la novela es lo bien que recrea la sordidez del ambiente político y la mezquindad de los que intentan medrar en él o mantenerse. Especialmente dura es la tortura a Fedina de Rodas y su bebé.

Muchos dicen que esta obra y este autor son también precursores del realismo mágico de García Márquez. Yo de eso no estoy tan seguro, al menos en lo que se refiere a esta obra, pero lo que sí creo es que el justificado renombre de los autores del boom no ha de impedir que se recuerden a otros grandes autores anteriores a ellos.