martes, 13 de octubre de 2026

Os Lusíadas

 

Esta entrada no va dirigida a los portugueses. Para ellos este sigue siendo su libro nacional. Sin embargo, en el resto de los países este libro ya prácticamente no se lee, por lo que prácticamente está olvidado.

Es la epopeya nacional portuguesa, y la mejor de las publicadas en el Renacimiento europeo. Fue escrita por Luis de Camoens, que intentó escribir el elogio a las hazañas de su país al modo que lo hacían los escritores griegos y romanos, no como lo hacían los medievales en los cantares de gesta.

En ocasiones ese intento queda un poco extraño, ya que los tópicos de la Antigüedad Clásica a veces chirriaban con la cultura y religión renacentistas. Por ejemplo, se trata a Baco, Venus e incluso Zeus como dioses que existen, pero que están sometidos al Dios católico. 

Para muchos lectores de hoy en día, sobre todo si no son portugueses, el lenguaje es rimbombante y los elogios a los portugueses exageradísimos. En ocasiones da la sensación de que uno está leyendo un libro de fantasía. Pero la impresión con la que finalmente te quedas es que aprendes leyendo el libro, en especial historia portuguesa, que es la parte del libro más interesante e incluso amena para el lector moderno. Y, además, la aprendes desde la propia perspectiva de los portugueses, lo que da valor al libro.

Ahora que, con las películas sobre La Odisea, vuelven a estar de modas las epopeyas, dadle 

una oportunidad, siempre si os apetece, a Os Lusíadas.  

 

 


martes, 6 de octubre de 2026

Castilla, de Azorín

 

Casa museo de Azorín, en Monóvar, Alicante. Fotografía extraída de Castilla, en la edición hecha por Austral en 1991.

Esta obra sí que cumple a la perfección el espíritu de este blog. Castilla es una obra deliciosa, un clásico que era muy conocido hace unos años, y que hoy en día está muy olvidada, como su autor. 

Azorín ha sido barrido por otras grandes figuras de su época, como Unamuno, Antonio Machado, Baroja o Valle-Inclán. A ello también ha ayudado, como le pasó a Manuel Machado,  su perfil algo burócrata, conservador e institucional, aunque Azorín no se acercó tanto al totalitarismo como lo haría Manuel.

Pero, volviendo a Castilla, la crítica la califica como un ensayo. Ciertamente, es difícil de catalogar. Tiene muchas pinceladas de libro de viajes, otras de crónica literaria, de crónica histórica, de reportaje y, sí, puede que de ensayo. Me parecen más acertados los críticos que la llaman "obra impresionista", escrita a pequeños trazos al estilo de los pintores de ese género.

El título tampoco se ajusta demasiado a lo que se habla en el libro. No está escrita por un castellano, sino por un alicantino, y en él se habla de Castilla, sí, pero también del ferrocarril europeo, del Mar Mediterráneo, de los Pirineos franceses, y de toda la literatura española y su historia, entre otras cosas. 

Sin embargo, el resultado no es confuso. La sensación que queda es de haber leído una poesía exquisita hecha en prosa (hay prosa poética antes de Platero y yo) sobre un paisaje en la mente del autor que, a veces, coincide con la realidad.

 Recuperad de vuestras bibliotecas esta obrita, y dedicadle algo de tiempo. Gracias.


miércoles, 30 de septiembre de 2026

Eugénie Grandet

 

Estatua de Balzac en el museo Rodin, en Paris

Los expertos dicen que hay tres grandes mujeres en la literatura europea del siglo XIX: Emma Bovary, Ana Karenina y la Regenta. A muchos lectores españoles les gustaría que en la lista estuvieran Fortunata y Jacinta. Yo añadiría una más, que apareció antes que el resto: Eugénie Grandet, a la que en español era muy habitual llamarla Eugenia Grandet, y que cada vez está más olvidada. 

No es que quiera minusvalorar los análisis de buena parte de los estudiosos de la literatura. Son personas muy competentes y su opinión tiene un fundamento: el personaje más destacado de esta novela de Balzac no es la mujer que le da nombre, sino su padre, Félix. El señor Grandet es el más digno sucesor de Harpagón, el protagonista de El avaro, de Molière. Incluso, al ser el formato de la obra de Balzac una novela y no una obra de teatro, Félix Grandet llega a ser un personaje más complejo, más elaborado, que su inspirador.

No obstante, sigo defendiendo que Eugenia es un personaje tan grande como las que he mencionado en el primer párrafo. Su característica diferencial frente a las demás consiste que ella es la que madura más y sale con más entereza y dignidad de los golpes sentimentales y emocionales que sufren todas; con la excepción, quizás, de Jacinta. 

Esta vez no os cuento más cosas del argumento, a ver si así os animo a leer el libro, que no es muy largo en comparación con los dedicados a las otras grandes mujeres de ficción del XIX. 


miércoles, 23 de septiembre de 2026

DE REVOLUTIONIBUS

 

 
Ilustración del orden de las órbitas celestes del Revolutionibus orbium

coelestium, según la edición de Editorial Nacional de 1982.  


No todos los clásicos de la literatura son obras artísticas. Pueden ser obras científicas o filosóficas.  

Hay clásicos que todo el mundo conoce, que no van a extinguirse nunca, pero que son muy poco leídos. Este es el caso del libro de esta entrada, tan importante que se suele enunciar en latín, el idioma en que fue escrito, De revolutionibus orbium coelestium, de Copérnico. 

Todo el mundo conoce este libro, pero pocos lo han leído. Y de los que lo han leído, ¿cuántos han pasado de la ilustración que inicia esta entrada, una de las más famosas de la historia, que viene en el primer libro de los seis de que consta la obra? 

Quien habla de las cosas de oídas, en el mejor de los casos, pierde detalles. Detalles como que la ilustración anterior no es completa, ya que no incluye los epiciclos que en la mayoría de los planetas tenía que introducir Copérnico para cuadrar su modelo con los movimientos observados de los planetas en el cielo. Esos epiciclos y otros añadidos complejos que, en un número menor a los usados en las tablas alfonsíes anteriores, conseguían más exactitud con lo observado en el firmamento, no pudieron ser retirados hasta que Kepler no introdujo las órbitas elípticas, más simples y exactas que la construcción copernicana.

Podréis decir que este libro es para especialistas. Admito que el libro es muy espeso, muy técnico. Por poner un ejemplo suave, leyéndolo me enteré de que los ángulos, además de en grados, minutos y segundos, se pueden seguir subdividiendo en terceras, cuartas y quintas, una precisión que considero sorprendente para el siglo XVI. Pero quien se atreva a disfrutar de él podrá admirar el esfuerzo que supone un trabajo científico de relevancia. Esas tareas ocupan toda una vida, o la vida de varias personas, vidas que se llenan de paciencia, meticulosidad y desesperación.

Desesperación porque no me he querido meter en las discusiones y polémicas exasperantes que tuvo el autor y todos los directamente relacionados con él libro antes, durante y después de su publicación. Eso os lo dejo investigar a vosotros. Pero, por favor, leed el libro. Y cuando habléis de un libro, en la medida en que podáis, que no sea de oídas; que sea porque lo habéis leído.

viernes, 18 de septiembre de 2026

Las moradas

 

En los últimos años, cuando se intenta poner en valor a grandes autoras ninguneadas o escondidas a lo largo de la historia, se tiende a hablar más de sus vidas que de sus obras. Incluso pasa con escritoras que siempre han estado reconocidas, como Santa Teresa de Jesús. 

Si Santa Teresa viviera hoy, de lo que estaría orgullosa es de que la orden que fundó todavía sobrevive, no de que se admire cómo era ella. En cuanto de la importante influencia de sus libros no sé si estaría satisfecha o no, pero lo cierto es que cada vez se leen menos.

El mejor de ellos es Las moradas, también conocido como El castillo interior. del que muestro en la foto una portada de una copia manuscrita conservada en la Biblioteca Nacional de España, "tomada del original" casi dos siglos después. Desde la óptica actual, podría decirse que es un libro de autoayuda, o una guía, o un manual. Pero no trata de temas técnicos, ni de cómo conseguir dinero o de mejorar tus relaciones sociales o amorosas. Para Santa Teresa eso eran minucias. Ella aspiraba a mucho más. En ese libro te enseñaba cómo ponerte en contacto directo con Dios a través de la oración, frente a frente, sin intermediarios, hasta el punto de que tu alma "se despose" con Él y así entrar en el cielo por la puerta VIP. Y no creáis que daba ánimos como una coach actual. Se lo dejaba bien clarito a sus discípulas en la orden, a quien dirigía el libro: solo llegarían a las últimas moradas unas pocas. El resto se quedaría por el camino y, como mucho aspiraría a llegar al cielo por la puerta de clase turista.

El libro lo editó y alabó con fervor Fray Luis de León, lo que ya en sí es un honor. Según sus palabras, algunas de sus cosas eran "muy de notar". Y lo más notable son las metáforas que utiliza, algunas de origen bíblico y otras propias. Las propias son de una originalidad y belleza exquisitas: el propio castillo, como símbolo del mundo espiritual interior, con un jardín y moradas externas sucias y acechadas por el demonio, y unas instancias interiores limpias e iluminadas por Dios, que vive en el núcleo central; la fuente de la que manan los dones divinos; o una segunda imagen del alma como una oruga que, a medida que crece en la oración, se vuelve mariposa o "palomica" y vuela hacia Dios para unirse a él.

 Por favor, anímense a leer esta joya de la literatura mística que, a pesar de estar escrito en prosa, no tiende al doctrinarismo de otras obras en prosa sobre estos temas, sino que se parece más a las grande obras en verso que en este género se han escrito en todo el mundo.